martes, 6 de septiembre de 2011


"Era muy recto, en lo que toca a la observancia regular, no disimulando defectos, pero reprendiendo con entrañas paternales y con una severidad eficaz, envuelta con mucha blandura y amor"

(de Pablo de Santa María)

lunes, 5 de septiembre de 2011


Los versos de Juan de la Cruz son un prodigio de palabra y sonoridad, de lírica y pasión, algo que hizo pensar a un alma cándida si no tendrían origen divino, como un decir de ángeles. Él la sacó de dudas y le dijo que algunas palabras se le ocurrían a él, otras se las ponía Dios en la memoria y en el corazón. Su prosa es limpia, admirable, y corre siempre tranquila sobre el papel, sin esquinas ni tropiezos, como trabajada a cincel.

domingo, 4 de septiembre de 2011

Florecillas ...


A fray Juan, le acontecen florecillas que se le caen de las manos. En cierta ocasión, una monja está grave. Las religiosas le aplican cuantos remedios pueden, pero sin resultado. La trasladan a otra habitación más cómoda y en el camino se les queda sin sentido. Alguien le dice a fray Juan que "buena cuenta ha dado de su hija, pues se le ha muerto sin confesar ni sacramentos". Fray Juan no responde, baja al coro y queda en oración. Al rato llegan alborozadas algunas monjas, diciéndole que la hermana ha vuelto en sí. La confiesa, le administra los sacramentos y la dispone a bien morir. Luego, se dirige a la monja que le dijo lo del poco cuidado y le dice: "¿Esta contenta?".

viernes, 1 de julio de 2011



La doctrina de San Juan se resume en el amor del sufrimiento y el completo abandono del alma en Dios. Ello le hizo muy duro consigo mismo; en cambio, con los otros era bueno, amable y condescendiente. Por otra parte, el santo no ignoraba ni temía las cosas materiales, puesto que dijo: "Las cosas naturales son siempre hermosas; son como las migajas de la mesa del Señor."

sábado, 25 de junio de 2011

Lugar social y religioso del santo


I
Que al leer este acercamiento a san Juan de la Cruz lo puedan conocer, encontrar en él un ejemplo de vida, y aprovechen su magisterio espiritual para caminar con firmeza en la vida cristiana. Aunque siempre lo mejor y más eficaz es entrar en contacto directo con la vida y el mensaje de su obra para conocerlo a fondo y asumir sus enseñanzas.

El santo carmelita nació y vivió en él seno de una familia empobrecida y desheredada, en continuo éxodo, como tantas familias latinoamericanas: escasez de trabajo, miseria, muerte del papá y de un hermano, educación gratuita, estudio y trabajo compartidos.

La otra cara de la moneda fue la Inquisición, en busca de una unidad nacional que buscaba mantener la pureza del catolicismo; la expansión española en Europa; y la reciente "descubierta América", todo con vocación divina, guerrera y misionera.

La vida de un hombre y un santo, en una universalidad, de la que saldrían hombres de la talla de Bartolomé de Las Casas, Antonio Montesinos ... , pero que también había un afán desenfrenado de prebendas, títulos y privilegios; y después de una Orden Religiosa -la del Carmen- en la que no se vivía la exigencia como él deseaba.

Este santo hace una opción radical por la pobreza, la marginalidad. En Duruelo comparte el silencio, el apostolado, la oración, la ascesis. En la cárcel de Toledo es víctima de la injusticia, desaparecido (como tantos cristianos en nuestro continente encarcelado, torturado, poeta; en los tormentosos inicios de la Reforma Carmelita y en su involución posterior es despojado de sus cargos. Solidario con los más pobres acepta irse destinado a México. Y por fin muere en un lugar y en un convento donde nadie casi le conoce ni le tiene consideración.

Y su vida se explica también por su nombre religioso: JUAN DE LA CRUZ. Deja el nombre de familia al entrar al Carmelo (YEPES) y se hace religioso a los 21 años (DE SANTO MATIAS). Inicia la vida reformada escogiendo LA CRUZ, como lugar de origen, título de nobleza, herencia familiar. Y tiene razón, pues para él es la patria y el clima: nació en "la cruz", vivió y murió en ella. La busca y la lleva con orgullo, con título de gloria, no de abatimiento para mendigar compasión.

FUENTE:
"Rasgos de su vida
y sus escritos"
P.Juan Arias ocd

sábado, 18 de junio de 2011

AVISOS ESPIRITUALES II


11. Y el que cae ciego, no se levantará ciego solo; y, si se levantare solo, encaminará por donde no conviene.

12. Más quiere Dios en ti el menor grado de pureza de conciencia que cuantas obras puedes hacer.

13. Más quiere Dios en ti el menor grado de obediencia y sujeción que todos esos servicios que le piensas hacer.

14. Más estima Dios en ti el inclinarte a la sequedad y al padecer por su amor que todas las consolaciones y visiones espirituales y meditaciones que puedas tener.

15. Niega tus deseos y hallarás lo que desea tu corazón. ¿Qué sabes tú si tu apetito es según Dios?

16. ¡Oh dulcísimo amor de Dios, mal conocido! El que halló sus venas descansó.

17. Pues se te ha de seguir doblada amargura de cumplir tu voluntad, no la quieras cumplir, aunque quedes en amargura.

18. Más indecencia e impureza lleva el alma para ir a Dios, si lleva en sí el menor apetito de cosa del mundo, que si fuese cargada de todas las feas y molestas tentaciones y tinieblas que se pueden decir, con tal que su voluntad razonal no las quiera admitir. Antes el tal entonces puede confiadamente llegar a Dios por hacer la voluntad de Su Majestad, que dice: Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados y yo os recrearé (Mt.11,28).

19. Más agrada a Dios el alma que con sequedad y trabajo se sujeta a lo que es razón, que la que, faltando en esto, hace todas sus cosas con consolación.

20. Más agrada a Dios una obra, por pequeña que sea, hecha en escondido, no teniendo voluntad de que se sepa, que mil hechas con gana de que las sepan los hombres. Porque el que con purísimo amor obra por Dios, no solamente no se le da nada de que lo vean los hombres, pero ni lo hace porque lo sepa el mismo Dios; el cual, aunque nunca lo hubiese de saber, no cesaría de hacerle los mismos servicios con la misma alegría y pureza de amor.

miércoles, 15 de junio de 2011

En la espesura de La Cruz


"Juan de la Cruz fue entrando en la espesura de la sabiduría divina al mismo tiempo que entraba en la espesura de la cruz porque, como él mismo dirá, "el más puro padecer trae más íntimo y puro entender"(CB 36, 13). Desde esas dos espesuras experimentadas pudo legarnos el patrimonio de su doctrina espiritual riquísima".